MADECO

Zurich. 1.10.98. - Basel  3.10.98

 

Dos Itinerarios de Conocimiento:

 

En Zurich y Basel trabajé sobre un modelo de acción que, con cierta pretensión, denomino “itinerario de conocimiento”.

El conocimiento como algo producto de tu pasear: interpretar una selección de hechos que te han ocurrido y que te permiten desarrollar una reflexión.

Bien.  En cuatro renglones ya he utilizado la palabra conocimiento, paseo, interpretación, ocurrido, permitir, modelo, acción, pretensión, trabajo, denomino, desarrollo y reflexión, ¿seré capaz de escribir más renglones sin repetirme?

Soy relativamente honesto.

Soy honesto porque utilizo hechos reales y porque decido despejar los criterios estéticos o de moda actual.

No soy honesto porque no tengo ni puta idea de lo que es el conocimiento. Por ejemplo, ahora tengo que volver a leer las ideas que elabore en Suiza  para poder contarlas.

Ahora mismo tengo 39 años. Llevo más de 20 años con una preocupación creciente en relación al conocimiento. Me parece un asunto elegante, cuando menos. Y la creación me interesa como carne, como encarne. Lo que soy es el punto de partida y el punto de llegada de lo que haga, y en ese camino puedo perderme o ser útil a algunos.

Debería haber aprendido más de lo que aparento.

La trampa es siempre la misma: las sutiles representaciones.

La organizadora de este catálogo me sugiere que el texto tenga alguna extensión y  contenido teórico. Me exprimo la cabeza. Voy a escribir una frase interesante, atención:

La representación no es un problema de las obras, la representación es un problema del pensamiento, de nuestra manera de conocer.

Ahora bien, el hecho de que yo no haya aprendido lo suficiente puede no ser un problema de la representación, puede consistir sencillamente en que yo tenga mala memoria.

En mi línea de honestidad confieso que no he cultivado suficientemente la memoria.

Eso me provoca, entre otras cosas, arrebatos de soledad que me conducen a escribir textos personales que me permiten tener la sensación de cercanía.

En todo caso, la creación, el arte o lo que te impresione, para impresionarte, tiene que hacerlo de cerca.

Si levantas la barbillita y miras con la distancia de lo que ya conoces, todo lo que pueda decirte que no suene a lo que quieres oir, te parecerá por uno u otro motivo, inútil, pasado de moda, confuso,  estúpido, etc..

Allá tú.

Aquí yo.

Antes estuve en Suiza.

Cuáles y cómo fueron mis trabajos:

 

Bajo el formato de una conversación  sencilla  con los asistentes, hablando en inglés y en castellano, y apoyado en diversos objetos y gestos, plantee las siguientes cuestiones:

En Zurich partía del hecho de que el día anterior estaba en Madrid, en mi casa. Llevé unas fotos de mi casa y de mi barrio y un mapa de Madrid y un mapa de Zurich donde señalaba la casa donde vivía allí. En dos horas me habían trasladado de un lugar al otro. Planteaba que nuestra civilización estaba preocupada por el espacio, por acortar las distancias. Sin embargo, lo que a nosotros nos preocupaba era el tiempo. La distancia entre un tiempo y otro es la memoria. La memoria tiene una parte mala que es la que te condiciona la percepción: uno intenta identificar de acuerdo a lo que ya conoce, ver lo que ya ha visto.

La calidad del tiempo es el sentimiento (pompas de jabón). Pero el mejor sentimiento es el sentimiento presente (rana con muelle). La calidad del tiempo es el sentimiento presente. En las formas y decisiones sobre el sentimiento presente es donde se puede generar la poesía.

 

En Basel les indicaba en el mapa de Madrid el lugar dónde trabajaba. Trabajo en educación social. Me encanta el aprendizaje. La posibilidad de continuar aprendiendo. La creatividad es una manera de aprender. Para que al menos aprendieran algo de todo aquello, les enseñé algunas palabras en español (con sus objetos correspondientes y con una pizarrita donde se escribían las palabras una a una): “pan, trabajo, muñequito (zapatista)”.  “Mapa, palabra, conocimiento”. La palabra no es el conocimiento, los lugares no son los mapas (caminar sobre el mapa), y nuestra manera de conocer frecuentemente destruye lo que pretendemos conocer (investigar el pan duro).

Finalmente les planteaba que otra manera de conocer supondría valorarlo todo, quizás entrar en combustión, valorar el instante presente. Sobre esto me gustaría aprender a mí.

 

Como tales, durante el año 98, he planteado un itinerario de conocimiento en Barcelona (Mayo), una Madeco (maniobra de conocimiento) en viaje por Irlanda y Francia (Agosto) y estos últimos itinerarios de conocimiento en Suiza.

Ahora sólo puedo plasmar la descripción de algunos elementos de trabajo, que a su vez describen elementos de lo que he vivido, y que ahora, cuando tú lees esto, se transforman en elementos que tu identificas y que, de manera general, das por conocidos, por entendidos,  encajados en tus piezas del puzzle.

Yo podría decir ahora que el conocimiento está fuera del puzzle. 

Que el conocimiento no se construye con palabras.

Las palabras, en el mejor de los casos, te deberían empujar al terreno de lo que hay...

O sea, tú, bicho viviente

afrontando

lo desconocido

que es hoy

un día

disfrutando y resolviendo

tu movimiento

entre personas y cosas,

tiempo bajo las estrellas que permanecen tranquilamente, día y noche, por encima de nuestros tejados.

Desde está perspectiva, en los “itinerarios de conocimiento”, el conocimiento no aparece porque se escriba, se lea, o se diga la palabra “conocimiento”, sino porque se ande y se establezcan relaciones.

Es una secuencia de pasos que podría permitir ejercitarte en desentrañar o entrañar lo que se vive .

Llego a los dos folios en mi ordenador.

Lo bueno de estar presente cuando realizo una acción es que no necesitas leer las explicaciones.

En Suiza fueron muy hospitalarios con nosotros.

 

Podría decir que de el lenguaje, pero pondría en evidencia la profunda inutilidad no sólo de este texto sino de lo que tu puedas pensar a partir de él.

 

 

En Zurich, el itinerario de conocimiento que plantee reflexionaba sobre el valor del tiempo y en Basel reflexionaba sobre la necesidad de continuar aprendiendo.

Como veis, puedo hacer mío ese dicho de “La transcendentalidad de los conceptos justifica la inutilidad de los esfuerzos”.

No prefiero el anecdotario